Las juntadas que se realizaban en los fines de semanas dejaron de ser motivo y comer asados con carne de vaca, para ser reemplazados por otros alimentos más económicos.
La situación económica actual está cambiando una de las costumbres más arraigadas en los hogares argentinos: sentarse a compartir un buen plato de carne. Durante el primer semestre de este año 2026, el consumo interno sufrió una fuerte caída del 11,5% en comparación con el año pasado, marcando el registro más bajo de las últimas tres décadas. En promedio, el consumo anual por persona bajó a 47 kilos.
Detrás de estos números hay una realidad que golpea el bolsillo. La pérdida del poder adquisitivo y la necesidad de estirar los ingresos familiares obligaron a muchos a cambiar los hábitos en el supermercado o la carnicería. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), en lo que va del año se volcaron al mercado interno casi 132 mil toneladas menos de carne que en el mismo período de 2025.
Los precios y los nuevos reemplazos en la cocina
El principal motivo de este alejamiento de la parrilla es el ritmo al que aumentaron los precios. En los últimos doce meses, el rubro de las carnes subió un 45%, superando por mucho a la inflación general, que fue del 33,5%. El impacto es mayor en los cortes vacunos, que treparon un 53,6% anual.
Ante este panorama, las familias empezaron a buscar alternativas más accesibles para cuidar la economía del hogar. El pollo entero, por ejemplo, aumentó un 29,9% en el año -una cifra notablemente menor a la de la carne vacuna-, convirtiéndose en el gran aliado de la cocina diaria para asegurar las proteínas en la mesa sin descuidar el presupuesto.
(Infobae)



















































