Caminar por la vereda, andar en moto o circular en auto por Las Breñas debería ser algo cotidiano y seguro. Sin embargo, desde hace tiempo, hay una amenaza silenciosa que nos obliga a mirar hacia arriba, los viejos postes de madera de la empresa Telecom.
Leer Mas: Peligro sobre nuestras cabezas, la desidia de los postes viejos de la empresa TELECOMPensados en su momento para conectar a la comunidad, hoy se han convertido en un riesgo latente para cualquiera que transite por la ciudad.
El problema de fondo es tan simple como peligroso. La madera de estas estructuras añejas terminó por ceder en la base, podrida por el paso de los años y el clima. Bastó la ráfaga de viento del pasado jueves por la tarde para dejar al desnudo una fragilidad que todos conocíamos. En la esquina de Avenida General Jones y Esquiú, la tormenta dejó dos postes tambaleando -uno antes y otro después del cruce-, haciendo equilibrio en el aire y quedando sostenidos de manera insólita únicamente por los cables.
Las consecuencias se sintieron con fuerza al día siguiente. Durante la mañana del viernes, el tránsito tuvo que cortarse sobre la arteria Jones, entre Sobral y Lavalle, y desde la esquina de Moreno y Esquiú. Una interrupción necesaria para evitar una desgracia, ya que nadie podía garantizar en qué momento esos troncos terminarían de desplomarse sobre la calle, arrastrando a su paso tendidos de energía eléctrica, televisión o internet.
Ante la emergencia, la cara visible de la respuesta volvió a ser el personal municipal. Desde horas tempranas, los trabajadores de Servicios Públicos estuvieron en el lugar retirando una columna de alumbrado que debió ser cortada al ras del suelo, enderezando otra que quedó torcida y acomodando el peligroso enredo de cables sueltos. A su lado, los inspectores de tránsito hicieron lo posible por ordenar el caos y mantener la seguridad, soportando incluso la intolerancia y las quejas de algunos conductores impacientes.
Ahí radica la mayor reflexión de esta jornada, mientras los trabajadores locales ponen el cuerpo en la calle para emparchar la urgencia y cuidar al vecino, la empresa responsable brilla por su ausencia. Para avisar de semejante peligro, la única vía disponible vuelve a ser un contestador automático o un número telefónico de reclamos a la espera de que alguien, del otro lado, decida tomar nota.
La infraestructura de una ciudad requiere mantenimiento y responsabilidad corporativa. La seguridad de los breñenses no puede depender de la suerte, de la tensión de un cable que resiste como puede, ni del esfuerzo extra de los empleados municipales que terminan cubriendo ausencias ajenas. Es tiempo de que quienes deben hacerse cargo actúen antes de que tengamos que lamentar daños mayores.























































