La crisis económica que atraviesa la provincia del Chaco ha golpeado un nuevo cimiento, quizás uno de los más sensibles para la paz social: la seguridad pública. Este lunes, la renuncia indeclinable de un oficial jefe en plena actividad no es solo un trámite administrativo; es un síntoma alarmante del desmoronamiento institucional frente a la pérdida del poder adquisitivo.
El peso del uniforme frente a la realidad económica
A las 10:00 de la mañana, el Subcomisario de Policía Diego Leandro Rolón, quien hasta hoy se desempeñaba como Jefe de la Comisaría de Corzuela, se presentó ante la Dirección de Zona Interior en Charata para entregar su renuncia. Sobre el escritorio no solo dejó su credencial número 0288; también depositó su arma reglamentaria y su cargador completo.
El fundamento de su salida, aunque caratulado bajo “cuestiones personales“, esconde una verdad que el Gobierno Provincial de Leandro Zdero parece ignorar: la búsqueda de propuestas laborales más redituables. Con 36 años y una jerarquía de Oficial Jefe que requiere años de formación y sacrificio, un funcionario de alto rango hoy se ve obligado a abandonar su carrera porque el sector privado o alternativas externas ofrecen lo que el Estado Chaqueño le niega: un salario digno.
Una gestión provincial bajo la lupa
Esta renuncia debe leerse como una crítica silenciosa pero feroz a las políticas salariales del Gobierno del Chaco. Cuando un Jefe de Comisaría decide que su arma y su cargo tienen menos valor que una oferta laboral externa, el sistema de seguridad entra en una fase de vulnerabilidad crítica.
Deserción de cuadros formados: El Estado invierte recursos en formar oficiales que, al llegar a su etapa de mayor madurez profesional, deciden irse porque no pueden sostener a sus familias.
Desmotivación en las filas: ¿Qué mensaje recibe el agente que recién comienza su carrera al ver que su jefe directo renuncia por falta de rentabilidad?
Seguridad en jaque: La pérdida de líderes operativos con experiencia territorial debilita la prevención del delito en localidades como Corzuela.
Reflexión final: ¿Quién cuida a los que nos cuidan?
La gestión actual enfrenta un dilema que no se soluciona con patrulleros nuevos ni cámaras de vigilancia, sino con la valorización del capital humano. El retiro del Subcomisario Rolón es una bandera roja para la administración provincial.
Si el Gobierno no revisa de manera urgente la situación económica de sus fuerzas de seguridad, el Chaco corre el riesgo de quedar en manos de la improvisación. La seguridad profesional es un derecho de los ciudadanos, pero para garantizarla, es necesario que quienes portan el uniforme no tengan que elegir entre su vocación y llegar a fin de mes.




















































