Pareciera algo común ver a perros “atacar” a peatones, ciclistas, motociclistas o personas que trabajan en la vía pública, algo tan común, que el Estado mira para otro lado.
Caminar a la tardecita por el barrio o la zona céntrica, o bien salir temprano a trabajar en bicicleta, caminando o en moto se ha convertido, para muchos vecinos de Las Breñas, en una suerte de ruleta rusa. La postal se repite en casi cada rincón de la ciudad con algunas esquinas copadas por jaurías, ladridos de alerta y, en el peor de los casos, la embestida inevitable. Lo que comenzó siendo una postal aislada de la vía pública hoy es una problemática generalizada que expone una preocupante desatención oficial, ya que son cuantiosos los casos de personas que son atacados y mordidos por los canes sin que nadie se haga responsable.
No se trata de demonizar a los animales. El perro callejero no elige su destino; es el eslabón final de una cadena de irresponsabilidad humana que arranca con el abandono y la falta de castración masiva, cuestión que es tomada en parte por un grupo de personas particulares. Sin embargo, la realidad golpea con fuerza cuando el espacio público se vuelve inseguro.
El peligro en dos ruedas (y a pie)
Los ciclistas y motociclistas se llevan la peor parte. Un perro que corre detrás de una rueda no solo busca morder; provoca se realicen maniobras bruscas, caídas y accidentes viales que pueden ser fatales. Por otro lado, los peatones –muchas veces niños que van o retornan de la escuela o adultos mayores– caminan con el miedo constante de recibir una mordedura. Las historias de vecinos que terminaron en la guardia hospitalaria recibiendo atención médica por un ataque se replican en los comentarios de las redes sociales y en las charlas de vereda de casi todos los barrios breñenses.
Una ausencia que hace ruido
La gran pregunta que circula en la comunidad es: ¿dónde están las autoridades locales? La falta de políticas públicas integrales, sostenidas en el tiempo y con presupuesto real, es el verdadero nudo del problema.
Las soluciones no pasan por medidas drásticas ni parches temporales, ya que se necesita castración masiva y gratuita: La única forma real de frenar el crecimiento de la población canina, campañas de tenencia responsable donde multar y concientizar a quienes dejan a sus mascotas en la vereda “a la buena de Dios“, la construcción de refugios y trabajo articulado y poder apoyar de verdad a las protectoras independientes que hoy hacen el trabajo que le correspondería al Estado.
Mientras las respuestas institucionales sigan brillando por su ausencia, los vecinos de Las Breñas tendrán que seguir mirando de reojo cada esquina, esperando que el próximo viaje al trabajo o al almacén no termine en un accidente.
La calle es de todos, pero hoy, parece no ser segura para nadie.
(Imagen: Un operario de empresa estatal, agredido por perros)



























































