–VER TESTIMONIO de Rául Gibelli– En el marco del 19 de agosto, Día Mundial de la Fotografía, dialogamos con Raúl Gibelli, un referente de Las Breñas con cerca de 42 años dedicados a la profesión.
Él mismo admite no tener la fecha exacta de inicio, pero saca la cuenta desde que llegó a Las Breñas y ese mismo año comenzó a trabajar con la cámara.
Raúl cuenta cómo era la fotografía en sus inicios donde trabajaban con negativos de 24×36 milímetros y para lograr efectos especiales tenían que “hacer patinar la película” para meter hasta tres imágenes en un mismo cuadro. A veces salía bien, a veces no. A eso se sumaba la espera, no se podía ver la foto en el momento. Recién días después, cuando volvía del laboratorio, se sabía si la luz, el encuadre o la exposición habían funcionado. “No sabíamos en qué condición venía”, recuerda.
El equipo también era distinto, no existían los lentes zoom. Él compró su primer equipo en “Laboratorio Colombo”, en Resistencia. Tenía un 50mm, un 28mm para espacios chicos como los casamientos civiles en la municipalidad, y un 135mm para retratos y quinceañeras.
Sobre qué lo atrajo a la fotografía, dice que las pasiones no se explican, recordando que es oriundo de Camilo Aldao, Córdoba, y de chico admiraba a un fotógrafo del pueblo llamado Caliris. Nunca estudió formalmente. “Me hice fotógrafo a base de prueba y error”, asegura.
Con el paso de los años la pasión cambió de objeto porque ya no hace tantas fiestas ni noches, porque el cansancio del equipamiento y del trabajo nocturno pesan. Hoy le interesa más la fotografía de paisajes y lugares, afirmando que tiene una página llamada “Fotos robadas de los Caminos” donde sube imágenes sin personas, fruto de sus viajes.
Para Gibelli, una fotografía es cuando mirás por el objetivo y apretás el obturador. Es controlar luz, velocidad y encuadre. Todo lo que viene después es trabajo de edición y, remarca algo fundamental: “Una fotografía es en papel”. Habló también de los grandes cambios.
La inmediatez del celular hizo que cualquiera suba una foto en 30 segundos y que en ese mismo tiempo la vea alguien en Australia o el vecino de al lado, porque antes había que esperar una semana. Eso, dice, le quitó valor a la foto y al trabajo del fotógrafo, reflexionando “vos tardás en armar luces, lentes, encuadre, y en un segundo alguien saca con el celular y ya lo sube”.
Respecto a la Inteligencia Artificial, reconoce que “nos pasó por arriba”, reconociendo que ayuda a corregir errores, pero advierte el riesgo de creer que todo se puede lograr sin la mirada del fotógrafo. “La mirada del fotógrafo es distinta”, afirma, y mientras se sigan imprimiendo fotos en papel, la diferencia se nota.
Cerró la nota saludando a sus colegas en su día, con mención especial para Daniel Oksentiuk, a quien destaca por su amor a la fotografía en blanco y negro. “Con él nos pasamos horas hablando de fotografía y de Boca Juniors”, dijo entre risas.




























































